
En la escuela de Chamizo, donde estuvimos por la tarde, la directora había preparado una cartelera donde puso fotos mías, mi reseña, un fragmento de un cuento y durante la semana les había hablado de mí, tanto que hasta incluso una niña se animó a escribirme y a decirme que me esperaban con impaciencia. Qué linda Hillary.
Nunca había firmado tantos autógrafos en mi vida por lo menos más de cien. Al terminar ambas funciones los niños me rodeaban para que les pusiera la firma pata de gallina ya fuera en un papel, en el cuaderno o en su propia mano.
Aún estoy recibiendo sus emails de saludos y comentándome la función.
Gracias a un programa del actual gobierno uruguayo a todos los niños y niñas se les hace entrega de un pequeño portátil para que se conecten al ciber espacio, hagan sus deberes, y por qué no, saludar al cuentero que los visitó en un bonito día sobre el campo uruguayo.

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